Un golpe de realidad: ¿Qué pasa en una comunidad cuando se apaga el único medio de comunicación que la conectaba con la información y lo público?
Lamentablemente, por muchas razones, el periodismo local pasa hoy por una crisis estructural. Un estudio dirigido por la Fundación Gabo sobre los ecosistemas de noticias locales en cinco países de América Latina (Argentina, Chile, Colombia, México y Perú) mostró que más del 65% de los territorios no cuenta con noticias locales, lo que significa que la mayoría de las comunidades vive en contextos donde el periodismo está restringido, no ha conseguido consolidarse de forma estable o enfrenta condiciones precarias para su ejercicio.
Se habla mucho de la difícil situación económica de los medios de comunicación, pero muy poco de lo que significa sobrevivir haciendo periodismo local. La publicidad es cada vez más escasa, y en no pocas ocasiones se utiliza como herramienta de control. Esa presión económica, a su vez, conduce a la autocensura y también hace desaparecer medios. “La ausencia de noticias es una mala noticia”. Así lo dice la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), basada en estudios donde se demuestra que la ausencia de noticias locales aviva la polarización, disminuye la participación electoral y reduce la rendición de cuentas del gobierno.
En algunas poblaciones, los medios locales son usados para convocar a la población a decidir sus planes de desarrollo o a participar en audiencias donde se acordarán temas complejos y fundamentales para su vida, como las consultas previas o los permisos para el ingreso de nuevas empresas. Esa participación sobre su futuro es una oportunidad que muchas veces es mediada por las emisoras, donde pueden escuchar las diferentes voces o hasta conversar con funcionarios públicos, conocer sus acciones y exigirles transparencia. De hecho, el rol de la comunicación local puede ser también leído como una forma de combatir la corrupción.
Cuando se trata de temas electorales, la cuestión se vuelve más grave. Estos medios de comunicación ayudan a las comunidades a comprender lo que está en juego en las elecciones locales y hasta pueden capacitar para participar en las votaciones. No obstante, también son un espacio que termina copando la ilegalidad. En Colombia, con el recrudecimiento de la violencia, los grupos armados ilegales buscan ejercer una gobernanza mucho más fuerte en todo lo local, y el manejo de la información es clave en este sentido. Para lograrlo, usan la intimidación y la amenaza.
Entonces, sin medios de comunicación locales, ¿de dónde reciben las noticias los electores de zonas rurales? Ahí es donde los académicos coinciden cada vez más en que las redes sociales llegan a ocupar esos desiertos informativos, polarizando el ambiente político de las comunidades.
La falta de información local debilita la democracia, sobre todo porque desaparecen espacios para la rendición de cuentas, y la corrupción se aprovecha de ello. Por lo tanto, hablamos de un vacío que no pueden llenar las redes sociales. La opción de informarse por redes sociales y abandonar los medios de comunicación locales introduce una avalancha de información donde es muy difícil distinguir lo real de lo falso o insidioso. Además, pone a competir la agenda de las comunidades con las decisiones de las grandes plataformas, a lo que se suman la violencia y la vulnerabilidad económica de la que se aprovechan los políticos que quieren manipular la información