Los datos de los primeros diez meses del año son muy reveladores. Entre enero y diciembre, el mercado publicitario ingresó 4.928 millones de euros, lo que supone un tibio crecimiento del 0,3% según las últimas cifras de Infoadex, el barómetro de inversión que todo el sector da por bueno. Sin embargo, el detalle aporta matices. En primer lugar, los diarios (impresos, legacy y nativos) apenas se lleva 583 millones, con una caída del 0,1%; mientras que televisión (incluyendo todos los soportes), llega a los 1.399 millones, un 5,6% de desplome. El único medio tradicional que se salva es la radio, con 469 millones, un 9,5% más.
¿Y las plataformas digitales? Infoadex las agrupa en tres grandes grupos: search, con 780 millones y una mejora del 1,2%. Este indicador refleja lo que se llevan los buscadores por publicidad y aquí Google se queda con casi toda la inversión. En segundo lugar, las redes sociales, con 667 millones, un alza del 1,2%. Aquí Facebook, Instagram (las dos de Meta), TikTok y X se reparten la tarta. Y finalmente están otros websites con 472 millones, un alza del 8% entre enero y octubre. Aquí encontramos todos los sites que no son soportes digitales de los medios TV, diarios, revistas y radio. Incluye YouTube, que además es el gran receptor de este apartado.
Con estas cifras, la publicidad (digital y tradicional) se divide en cuatro grandes grupos. El primero es el de las plataformas, que —con cifras actualizadas— ya se llevan el 39% de toda la tarta, un punto más que hace un año. Le sigue la televisión, con el 12,4% del total y 1,7 puntos menos; los diarios, con el 11,8%, una décima menos; y la radio, con un 9,5%, tres décimas más. El gran perjudicado del avance de estos gigantes digitales en el último año es la televisión, que es además es el que más cae, pero también hay un trasvase de inversión desde la prensa a otros sitios de internet que no tienen nada que ver con el periodismo. Dicho de otra manera, hay un éxodo de anunciantes hacia lugares en los que se pierde la trazabilidad de la información y donde se produce un caldo de cultivo para las fake news y la creación de bulos.
Esta es la primera gran conclusión que se puede extraer de estos datos. Los anunciantes no solo se alejan de los medios tradicionales, sino también de los entornos informativos. No solo hablamos de la proliferación de pseudo información -y de pseudo informadores- de las redes sociales, sino además del gran flujo de inversiones publicitarias hacia portales y webs que están en el extrarradio del periodismo. Un movimiento muy peligroso: no solo se ha perdido el monopolio del relato y la pauta informativa, sino que además los anunciantes han entendido que pueden tener más retorno en entornos menos creíbles. Muchos han cambiado su percepción del prescriptor tradicional fiable por personajes o webs en los que —creen— tienen más impacto social, en especial en el público juvenil. Un nuevo escenario que crece de la mano de las planificaciones de las agencias de medios y de la publicidad programática, la que reparte anuncios con algoritmos y con pocos filtros de contenidos.
Una situación especialmente perversa si consideramos que compiten en el mismo mercado publicitario de unos medios de comunicación que están auditados hasta el extremo y a los que además ahora se les quiere obligar a incorporarse a un registro que debe dejar muy claro quiénes son sus dueños, sus accionistas y sus fuentes de financiación. En cambio, la mayoría de las grandes plataformas facturan sus ingresos en España a través de sociedades radicadas en el extranjero y en ninguno de los casos declaran efectivamente su facturación real en nuestro país. Una asimetría que se hace cada vez más patente y que no hace más que favorecer a compañías que año a año orillan a los medios de comunicación del mercado publicitario que, en el caso de la radio y la televisión, es su principal ingresos; y en el de la prensa, es creciente ante el fracaso de los modelos de suscripción de los diarios digitales.
¿Qué se está haciendo? De momento, se mueve ficha, pero muy lentamente. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, prometió hace poco menos de tres semanas una investigación contra Meta (Instagram y Facebook) por una supuesta violación de la privacidad de millones de usuarios. Incluso indicó que les llamaría a comparecer en el Congreso. Pero este movimiento se produce después de ocho años en los que ha sido uno de los mandatarios europeos que más ha agasajado a estas compañías, legislando a su favor y desoyendo al sector de las telecomunicaciones y de las televisiones, que han pedido que se equipare la normativa común que les afecta. Es decir, que el sector no se fía de lo que el Ejecutivo pueda (o quiera) hacer para regular a las grandes tecnológicas. Y mientras, en 2026 podrían crecer peligrosamente hasta conquistar la mitad de la tarta publicitaria.
Fuente: THEOBJECTIVE